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martes, 17 de enero de 2023

San Agustín Contra los Académicos

 https://drive.google.com/file/d/1NWV7fg74XzbmLX-LqxzpeAenxjV5b9nS/view?fbclid=IwAR0joBhNANrsadtp_A_ElVcvWNT1TA0AH5XRk0NiRtLhk8I2wxe1iPHSeJU


"[Contra Académicos]. Escrito de crítica filosófica compuesto por San Agustín (354-430), to­davía catecúmeno, en su retiro de Casiciaco, en otoño de 386, y dedicado a su ami­go y compatriota Romaniano, que le había confiado la educación de sus dos hijos. San Agustín, bajo la influencia constante de las grandes ideas de Platón, «cuya purísima y luminosísima filosofía ha revivido sobre to­do en Plotino», siente la necesidad de liberarse del escepticismo que prevalece en la Academia media, especialmente con Agesilao y después con Carnéades, y de con­quistar un terreno más sólido que el de lo «probable» y más seguro que el del «sen­tido común», para fundar su vida moral. Las largas meditaciones y las discusiones filosóficas de muchos días sostenidas con su hijo Adeodato, y con sus amigos Licen­cio, Trigecio y Alipio, recogidas por un secretario, proporcionarán la materia de los tres libros.
En el primero, Licencio (hijo de Romaniano), defensor de los académicos, discute con Trigecio, adversario de ellos, acerca del tema de si la «vida beata» con­siste en el conocimiento de la verdad, o en «buscar perfectamente la verdad; único co­metido y fin asignado al hombre», como sostiene Trigecio, y se discurre ampliamente acerca de lo que es el error y la sabiduría. En el segundo libro entran en liza Agustín, que expone la doctrina de los académicos, y Alipio, que pone en evidencia las dife­rencias entre la Antigua y la Nueva Aca­demia; y se critica especialmente la acti­tud de los filósofos que, a pesar de negar la posibilidad de alcanzar la verdad, de­claran seguir la opinión verosímil y hablan de ella; mientras, dice San Agustín, «juz­gando improbable hallar lo que hombres agudísimos y doctísimos no pudieron ha­llar, me he vuelto completamente perezo­so e indolente, de modo que, a menos de estar cierto de las posibilidades de encon­trar la verdad, no osaré ya buscar ni sos­tener nada». En el tercer libro, que co­mienza con la demostración de que al sabio la fortuna ni le satisface ni le daña, y que no puede llamarse sabio quien nada sabe, y que sólo con la ayuda divina se puede llegar a la verdad, viene a discutirse la de­finición de Zenón de lo verdadero y lo falso, y son confutadas las sentencias de los académicos: «Nada puede ser percibido»; «a nada es menester dar el propio asenti­miento».
Como conclusión, San Agustín opina, con Cicerón, que los académicos de­berían de tener oculto para el vulgo su verdadero pensar para descubrirlo sólo en edad tardía a quien hubiese transcurrido con ellos toda su vida. «Pero yo — dice San Agustín — aunque sólo tenga treinta y tres años, no desespero de poderla alcanzar al­gún día. Después de renunciar a todo lo que los mortales tienen por bienes, tengo el propósito de dedicarme a su búsqueda», y como hay dos caminos para llegar a ella; la autoridad y la razón, «he escogido a mi maestro el Cristo, del que nunca me alejaré; pues más sabio que él no he encontrado ninguno». Y añade que, a pesar de estar impaciente por alcanzar también con la ra­zón lo que cree, confía en «hallar entre los platónicos una filosofía que se ajuste a explicar nuestra fe». Es la anticipación del medieval: «Fides quarens intellectum». Pues para San Agustín, más que de dos ver­dades, se trata aquí de dos aspectos de una sola verdad: la cristiana. Aunque la filosofía y las citas de los autores «a los que denominamos paganos» tengan aquí tanta preponderancia, más tarde será juz­gada por él como presuntuosa, hasta el punto de que, en las Confesiones (v.), ca­torce años después, se referirá a estos diá­logos del retiro de Casiciaco en estos tér­minos: «… en escritos que, en verdad, ya te servían a Ti, pero que todavía, como quien después de una carrera se siente afanado, respiraban la escuela de la soberbia»."

domingo, 27 de diciembre de 2020

Noam Chomsky Conocimiento y libertad--Paul Bogdanor Las 100 principales mentiras de Chomsky

 https://drive.google.com/file/d/15b7e7rzmGLVWFv8E_QoVGkbnEv6dUz9m/view?fbclid=IwAR3TC7qAkzDwtfix4cBfI5o598ZPQJaCibSMofA5y5jKnXfhfr-xtDvTKKw

El ideario político, filosófico y moral de uno de los más importantes pensadores contemporáneos.

En 1971 la Universidad de Cambridge invitó al gran lingüista norteamericano Noam Chomsky a dar unas conferencias en homenaje a Bertrand Russell, cuyo contenido, reproducido en este libro, ofrece no sólo los puntos de vista del autor sobre el filósofo, sino además una lúcida introducción a los aspectos lingüísticos y políticos del pensamiento de Chomsky.

Esta obra (dividida en dos partes, con títulos bien significativos: «Acerca de la interpretación del mundo» y «Acerca de la transformación del mundo») produjo, en su día, un impacto mucho mayor que Los nuevos intelectuales, el primer libro político de Chomsky.






Buena parte de los escritos propagandistas son simple falsificación.

Los hechos materiales son suprimidos, las fechas, alteradas y las citas, sacadas de contexto y manipuladas para cambiar su significado (George Orwell)

Noam Chomsky es, para el New York Times , «probablemente el intelectual vivo más importante»; para el Chicago Tribune , «el autor
vivo más citado del mundo», y para la Rolling Stone «uno de los más respetados e influyentes intelectuales del mundo».

Chávez proclama su adoración por él en la ONU. Los «afamados» guionistas Ben Affleck y
Matt Damon alaban su panfleto Fabricando consensos en la película El indomable Will Hunting .

Una búsqueda en Google de su apellido ofrece
aproximadamente 13 400 000 resultados. Para poner esto en perspectiva hay que indicar que sobre Lenin y Stalin «sólo» hay, según
el mismo buscador, 14 y 15 millones de menciones en internet, respectivamente.

Chomsky dice considerarse anarquista. Sin embargo, su supuesta ideología no tiene realmente importancia ni para él ni para sus
seguidores, de ahí que el hecho de que haya invertido su considerable fortuna capitalista de dos millones de dólares en fondos de inversión a nombre de sus hijos, para evitar los impuestos a la muerte, que oficialmente deplora, no haya provocado hecatombe alguna entre sus fanáticos.

No, el lingüista debe su popularidad a sus análisis de política internacional, que dan un barniz aparentemente académico a la religión
preferida entre la progresía: el antiamericanismo, con su compañero
inseparable, el «antisionismo».

Para alcanzar su estatus de icono izquierdista Chomsky sólo ha tenido que trasladar el prestigio ganado en el campo de la lingüística a la política y, en esta nueva ocupación,mentir.
Eso sí, con mucha clase.
Un académico honrado, aun cuando parta de ideas preconcebidas, las reexamina a partir de los datos que va encontrando y las modifica, o no, dependiendo de lo que la realidad le enseñe.
Chomsky emplea el método opuesto. Parte de unas conclusiones comunes a todos sus escritos: que Estados Unidos e Israel son los causantes de todo el mal en el mundo, apartir de ellas busca los datos que puedan confirmarlas y desecha los demás. Eso, en el mejor de los  casos.




sábado, 20 de junio de 2020

Adiós a la verdad

https://drive.google.com/file/d/1fl9JiAO0EZL8XCiIIyrCSUettSqTfG9v/view?fbclid=IwAR1_WVkmDOPH-eOgoVk1iae7ooTYuWFAY91txLB7LIh8MRorIUptMlo9Dv8


La imagen puede contener: texto


Adiós a la verdad: así podríamos expresar, de manera más o menos paradójica, la

situación de nuestra cultura actual, ya sea en sus aspectos teóricos y filosóficos, ya sea
en la experiencia común. En referencia a esta última en particular, se hace cada vez más
evidente a todos que «los medios mienten», que todo deviene juego de interpretaciones
no desinteresadas y no por necesidad falsas, sino como tal orientadas según diferentes
proyectos, expectativas y elecciones de valor. La cultura de las sociedades occidentales
es, de hecho, aunque a menudo no de derecho, cada vez más pluralista. También la
reciente experiencia de la guerra en Iraq -donde los jefes de los grandes gobiernos que
ordenaron la invasión a ese país han debido reconocer que mintieron a la opinión pública
de sus respectivos países (si fue de forma voluntaria o involuntaria, es un tema abierto
que por cierto no se resolverá mediante encuestas que se fingen independientes
ordenadas por ellos mismos)-ha replanteado la cuestión de qué es la verdad en política.
Muchos de nosotros hemos debido tener en cuenta que el escándalo relacionado con
Bush y Blair por las mentiras sobre las armas de destrucción masiva de Saddam no era,
en absoluto, «puro» y objetivo como se intentaba hacer creer. Pero preguntémonos: si
Bush y Blair hubieran mentido de forma tan impúdica por un fin noble, por ejemplo,
reducir el costo de los medicamentos contra el SIDA en todos los países pobres del
mundo, ¿estaríamos escandalizados en igual medida? Por lo demás, es sabido que
cuando está en juego la defensa contra un enemigo, por ejemplo, en el caso de las
actividades de los servicios secretos, se admiten como necesarias violaciones muy
graves. Según he podido aprender al formar parte de una comisión en el Parlamento
europeo sobre el sistema Echelon (interceptaciones indiscriminadas de todas las
comunicaciones mundiales a través de una red satelital constituida por los Estados
Unidos, Gran Bretaña, Nueva Zelanda y Australia), somos controlados por un Gran
Hermano para nada imaginario que responde a los Estados Unidos y a sus más fieles
aliados. Por lo general, este control es ilegal, pero la Unión Europea nada puede hacer al
respecto puesto que las cuestiones de seguridad nacional (pero ¿quién decide qué son tales?) están en manos de cada uno de los Gobiernos, que es difícil que intervengan
contra la superpotencia yanqui. Por supuesto, soy muy consciente de que existe un
problema de seguridad para las sociedades occidentales, tan complejas y vulnerables a
causa de su alto estándar tecnológico: lo que cada vez convence menos es el modo en
que los Estados Unidos creen que pueden resolver ese problema para sí mismos y para
el mundo entero, por lo demás, sin consultarlo